miércoles, 17 de septiembre de 2008

UN DIALOGO QUE NO ES

UN DIALOGO QUE NO ES
Días pasados, en una nota publicada por Puntal, el Diputado Cantero hizo referencia a ciertos acuerdos que habían surgido de una reunión entre el bloque que él integra y representantes de un importante sector agrario, más precisamente la Mesa de Enlace. Al otro día nomás, como si lo hubiera estado esperando, el verborrágico dirigente de CRA, Néstor Roulet -quien suponemos también habrá participado de esa reunión- salió a desmentir enfáticamente los dichos del diputado. La cuestión no asumiría otro carácter que el de simple anécdota si no fuera porque todos los días leemos, vemos o escuchamos cosas como esta, y no sólo protagonizadas por personajes de muy escasa importancia, como en este caso, sino provenientes de personas que tienen un alto grado de representación política, social o empresaria.
¿Y si los encuentros entre los dirigentes del Agro y del Gobierno se empiezan a hacer en una casa de cristal o plástico transparente, o llena de cámaras y micrófonos como la de Gran Hermano o ante una mesa sobre un ring en el Luna Park, rodeado de tribunas con acceso libre y gratuito para todo público? Qué bueno sería ver y oír lo que se gesticula y se dice en esas reuniones. Así ambos bandos no nos confundirían al salir contando cada uno una reunión distinta. Es cierto que no hay posibilidad de que la misma obra produzca en todos los actores igual consecuencia anímica o igual comentario: Basta oír lo que dice cada quien a la salida de una reunión de consorcio, cooperadora o club de barrio. Pero al menos éstos no se andan a los besos, o en todo caso no es ese besuqueo incoherente, de tahúres habituados a militancia crispada, a relaciones de negocios. Nada de amateurismo romántico: solo praxis política y objetivos económicos.
Entonces, ¿Para qué se besuquean las mejillas y se palmotean la espalda como si los hubiera dirigido Francis Coppola en una película sobre la mafia? Sería mucho mejor sin besos. El beso es algo muy sensible como para malgastarlo al cohete. Y también sería mejor que pusieran una buena cara: real, franca, de culo. La misma que ponen cuando salen. Y que al sentarse no adopten poses de defensores de la patria, porque lo que representan es al Estado y a los negocios, y lo que está en disputa son cajas multimillonarias.
No hagan la farsa de que todo es para el bien del brotecito del cereal o de la patria, o en favor del campesinito que se levanta al alba. Con qué ligereza se habla de diálogo. Ese no es diálogo. Es intercambio de recelos y de desconfianzas. De ideologías. Aquí por lo que pelea es por una tajada de la torta que es de todos: nuestra.
Dejen de decir que se sientan a dialogar. Asuman que solo negocian y pulsean. Y definan de una vez sus fuerzas y acepten el resultado. Saber perder honra hasta al rival más desgraciado.
Pero no caigamos en el error de creer que los ruralistas son la mitad y el Estado la otra. Si fuera así ¿para qué se vota? El Estado es mucho más que La Rural, que las ruralcitas y que los diputados y ministros, por más súper que sean.
El litigio es por una partecita de lo que produce el ubérrimo suelo argentino, suelo alambrado indiscriminadamente por la confusa historia que designó a sus propietarios. Así estamos. Un yuyo llamado soja nos puso en evidencia.

por: Fundacion (fpucara@yahoo.com.ar)

gracias por el aporte.

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